domingo, octubre 02, 2005

Reportajes. México 1996.(3)



Reportajes. México 1996.(3)

Periódico La Jornada 30 enero

No hay a la vista en Carlos Castaneda nada que
permita adivinar en él a un guía espiritual. Muy
delgado, bajo de estatura, desgarbado, moreno de
cabello cano y ralo peinado hacia adelante, viste una
camiseta de manga larga y pantalones de mezclilla sin
bolsas traseras.
Sobre una plataforma, con un pequeño micrófono
prendido a su ropa, se desenvuelve con soltura ante su
audiencia, 700 personas reunidas en la última de sus
tres conferencias sobre Los nuevos senderos de la
tensegridad en el centro asturiano.
Sentados o recostados sobre la alfombra, lo escuchan
pendientes de sus gracejadas que festejan con risas
estentóreas y a veces con aplausos. " ¿Se acuerdan del
chiste que les conté anoche? Se lo voy a contar otra
vez". "¿Qué les iba diciendo? ¡Estoy senil!".
Castaneda habla siempre con el humor por delante, y
así resuelve las dudas o las deja como estaban,
esmerando en no intelectualizar la charla.
"Hagan preguntas funcionales, cortitas. Háganlas por
un deseo de saber, no de que yo los oiga".
No lee cartas para evitar enfrentarse a "preguntas
estrafalarias", dice, y menciona algunas de las
cuestiones que sus seguidores acostumbran plantearle:
"Soñé que era pájaro. ¿Pájaro cómo? ¿Puto o qué? Es
un respuesta china, pero adecuada. ¿Cómo puedo saber
si soy un ser doble? Eres doble pendeja. Pendeja
doble".
"¿Cómo puedo llegar a ser lo que nunca he sido? Pues
no sé, pujando... Dame una razón para que la razón sea
razonable. ¡No, no! No hay que guiarse por el
intelecto. Son preguntas que parecen profundas pero no
lo son. Son entretenimiento. Don Juan era tan simple
que me asustaba. Era un ser directo. No se perdía en
convoluciones que no llevan a nada".
"Los brujos son seres pragmáticos. Nosotros somos
diletantes. Nuestras creencias son insostenibles. El
único modo de sustentarlas es enojándonos: ¿Cómo
puedes decir que no es cierto esto, imbécil? Y nos
vamos, enojados. Hay una verdad terrible: nadie quiere
ser libre. Da miedo. ¿De qué? No sé. Da miedo. Un
pollo audaz se sale del gallinero y se transforma en
un prófugo, en un fugitivo. ¿Para siempre? Me preguntó
una niña. ¡Corazón de melón, o es el gallinero o es la
libertad! A mí me gusta la libertad, no me gusta el
humanero. En el humanero hay cosas que no son mías".
Establece:
"No soy gurú. Yo no puedo permitir o dejar de
permitirle nada a nadie. ¡Eso es demasiado hindú! A
nadie le puedo decir si es un chamán o no; tampoco le
puedo decir que en realidad es un idiota. ¿Quién soy
yo para decirle eso? Me ponen en situaciones
insostenibles. No puedo darle cuerda a nadie porque me
parece una falta de respeto total. Eso se da en la
amistad. Pero yo no soy amigo de nadie. Y el modo en
que me defiendo es no-viendo-a-nadie".
Hace revelaciones otrora impensables de su identidad:
"Vengo de Sudamérica. No de Yucatán. Me preguntaron
si yo era de Campeche, por cabezón y enano. No, no
vengo de Campeche. Vengo de más abajo... No hay algo
intrínseco que me transforme en algo especial. No lo
hay. He realizado indagaciones energéticas y no, no
tengo nada de extraordinario. Yo soy un idiota como
todos ustedes".
La mayor clave aprendida de don Juan fue adquirir el
silencio interno, abolir la hegemonía de la mente como
método para encontrar la libertad. "Eso es acallar la
mente. Don Juan me dijo que cuando lograra 8 o 10
segundos de silencio la cosa se iba a poner
interesante, y mi pregunta de pedo fue: ¿Y cómo sé que
son ocho segundos? No, corazón, no es así, no sé quién
te dice que son ocho segundos. Algo interno nos lo
dice. La cuestión es acumular el silencio segundo a
segundo. De pronto llegué a ese umbral sin saberlo,
acumulando segundo a segundo. No existe más la mente.
Sólo ese silencio. Ese silencio ya tiene más de 30
años. Desde ese silencio les hablo".
En este tipo de seminarios, afirma, "he visto cosas
que don Juan jamás vio. Gente que sin saberlo, atrae a
su cuerpo energético. En 2 segundos se viene el
conocimiento aprendido en 30 años. Desde agosto hasta
hoy no sé que pensar. He visto mucho talento
energético y no sé qué hacer con él. Veo la velocidad
con que ustedes aprenden. Si los tomara a uno por uno
me llevaría meses enseñarles un pinche movimiento.
¿Cómo lo hacen tan veloz juntos? No sé. La masa... El
grupo da más fuerza..."
Insiste en "desenganchar la mente" y emplear el
cuerpo energético. "Mi mente es algo muy extraño a mí.
Hay un substrato dentro de ti que es lo que realmente
eres. Desengancha tu mente y ese vas a ser tú. Esto le
quita a uno el pundonor y lo transforma en algo
funcional: un ser hecho para la pelea". Vuelve a
combatir el egocentrismo. "La ideología del yo es la
más perniciosa. La gente vive sólo pensando en ella
misma, acudiendo al siquiatra para hablar de sí. ¡Qué
tragedia! Me importo yo y yo y solamente yo (canta).
¡Nosotros no somos así! ¿Por qué defendemos posturas
que no son nuestras? Son masturbaciones mentales. No
cuestionamos lo que nos imponen porque no tenemos
energía. Lo que podía transformar nuestras acciones es
el cuerpo energético, y no lo tenemos. Esto no es
paranoia de brujo. Los brujos son demasiado simples y
directos, no tienen máscara, van a la respuesta".
Cuenta su experiencia con una astróloga afamada a la
que fue a ver hace tiempo. Se presentó como Joe
Cortez, chicano, y ella le dijo que tenía mal los
chakras. "Me dejó picadísimo y volví meses después,
ella ya se había olvidado de mí. Le dije que era
Carlos Castaneda y ahora exclamó: "¡Qué luz, qué
luz!". Cuenta también que se le acercó Julio Iglesias
- "es muy lindo" -, quien le reveló: "Cojo todos los
días. No muy bien, pero todos los días". Castaneda
ignora el por qué de la confidencia, pero no atinó más
que a responderle: "Yo también. Tu coges, yo cogito".
Explica:
"Soy una cogida aburrida. Don Juan me transformó en
un avaro de energía. No la gasto. No hago nada. Pero
hago todo. ¿Qué demonios es este afán sexual cuando no
sienten nada? Conozco a una mujer a la que le llaman
'la rompecatres'. Nunca sintió nada, pero rompió 11
catres".
Se abre a las preguntas de quienes lo escuchan en
esta última charla de alrededor de 2 horas. Muchas son
las dudas acerca de la tensegridad y la serie de
ejercicios físicos que ésta contempla. Muchos se
dirigen a él como nahual.
- ¿Cómo se fortalece la voluntad?
- Con energía, es el único modo.
- ¿Basta con el Intento?
- ¡Ay corazón de melón! El Intento es todo. Es como
decir basta con la vida. El Intento es una fuerza que
está en el universo.
- ¿Nosotros somos parte de un Intento?
- Somos el total del Intento.
- ¿La tensegridad es la única llave?
- Es la única que conozco. Y yo he oído más que vos.
¡Treinta años como Carlos Castaneda, uuuh! Yo he oído
maravillas.
- ¿Puede hacerse la tensegridad sin zapatos?
- Hazlo desnuda, pero hazlo.
- ¿Cuál es la forma correcta de hablar?
- ¡Ah! Tendríamos que hablar de la forma correcta de
cagar. Don Juan hablaba de una forma de masticar.
"¿Para qué?" le pregunté. "Para evitar los pecados",
me dijo.
- Yo he practicado la tensegridad y siento que no es
suficiente.
- ¿Suficiente para qué?
- ¿Podemos desligar a nuestros hijos del orden
social?
- Somos parte del orden social. Lo que podemos hacer
como padres es desligarnos de tanta pendejada del
orden social.
- ¿Qué pasaría si mucha gente hiciera lo que tu
predicas?
- ¿Qué pasaría? ¿Cómo sé? No puedo especular. Como me
decía don Juan, pregúntale a las estrellas...
- ¿Seguirás viniendo a México?
- Si hay energía, sí. Vamos a crear una empresa...
Bueno, un pequeño grupo de gente que quiere saber más
acerca de estas cosas. Es la misma que organiza este
seminario... México está repleto de cosas que no se
pueden entender porque no tenemos la sutileza. Estamos
llenos de cosas que no son dables a encontrar bajo
estas líneas de conducta...
Concluye el seminario, y Castaneda baja de la
plataforma entre una multitud que anhela abordarlo.
Firma solamente un libro. Un joven le solicita:
- Nahual, ¿me regala un autógrafo con su dedo?
Coloca la muñeca derecha para que Castaneda lo toque
pero él dice que no, que eso no, y desaparece tras una
puerta.

Luis Enrique Ramírez
Periódico La Jornada 30 enero 1996